Hace apenas una década decidimos formar una editorial; buscamos un nombre, el que más nos sedujo fue La Fogata: nos gustó la idea de encender fueguitos, hacer libros para que brillen con luz propia, y para que ese brillo entusiasme a quienes los lean.
Ese fue el nombre del proyecto, al que enseguida se le pegaron muchos apellidos: sería una editorial Alternativa, Independiente, Autogestiva, Popular: no sabíamos por entonces cómo iba a ser el recorrido de ahí en más, no teníamos claro cómo crecería la criatura, pero sí sabíamos lo que no queríamos: no íbamos a dejarnos atrapar por el sentido comercial del producto, concebir lo que hiciéramos como meras mercancías, quedar atrapados en la lógica cínica de la ganancia como prioridad.
Con esas mínimas certezas dimos los primeros pasos: editamos libros que nos gustaría leer y otros sellos comerciales no editan. Nos dimos cuenta que hay muchísimo por hacer, que no es cierto que “la gente no lee” sino que, muchas veces, faltan textos que entusiasmen. En poquito tiempo, en apenas dos años, hicimos más de 25.000 libros, entre los 15 títulos que ya engrosan nuestro catálogo.
La solidaridad siempre fue un principio: porque nos proponemos ejercerla, y porque la recibimos, en grandes dosis, cuando empezamos a dar los primeros pasos. Proyectos hermanos en Colombia y en América Latina nos compartieron su experiencia, nos ofrecieron títulos que no estaban editados en el país, y también planificamos ediciones conjuntas. Fue así desde el primer libro: Feminismos Populares, realizado junto a compañeras de Argentina y coeditado con América Libre; le siguieron las Antiprincesas y los Antihéroes, que de nuestra mano desembarcaron en Colombia gracias a los y las amigas de Chirimbote. Últimamente presentamos tres nuevos títulos que nos enorgullecen: editamos al fundador de Telesur, Aram Aharonian; coeditamos junto al sello latinoamericano Ocean Sur un texto fundamental para entender la historia reciente del país, sobre los orígenes del ELN contados por primera vez por las voces campesinas que le dieron vida; y dimos forma a un texto de voces múltiples sobre la realidad de América Latina, que recorre el continente: fue también editado en Argentina y Venezuela. Ese recorrido, breve aún pero intenso, nos posiciona y nos impone una responsabilidad: brindar una trinchera ideológica para la expresión del pensamiento crítico, sumar nuestro granito de arena para que las y los niños desarrollen sus infancias más libres, aportar insumos que retroalimenten la cultura popular.

